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* Los proyectos de Sergio Flores se actualizarán lunes, miércoles y viernes; los de Óscar Carreño martes, jueves y sábado.


CON TRES TRAZOS UNA HISTORIA

SON ADMIRABLES, verlos trabajar sobre un pliego detiene la atención y la respiración: en la vacua superficie de la ausencia su mano se desliza –llevando ritmo sinfónico: Presto, Lento, Presto con brío, Lento delicado, Forte amoroso, Forte imprevisto–; con un trazo aparece la heroína asustada pero decidida, con otro el perfil en sombra del miserable villano de ojos perversos y con el tercero la esquina del cuarto y la puerta salvadora. Maravilla que tanta información emerja de un lápiz, pero sería falso creerlo; atrás, o antes, o siempre, están unos ojos observadores y el don de un cerebro magnífico que se ha entrenado en reducir, en sintetizar, en potenciar la realidad hasta conseguir dibujar la esencia del movimiento, del pánico, de la huída, del grito, del susurro, de la lluvia, de la burla, del invisible vaho que desprende un maternal pastel, del soldado echado sobre una loma con casco, cantimplora, certero fusil y la granada que lanzó y que estalla entre rayos y centellas…, y con unas cuantas líneas.

El arte del dibujante que historia es muy anterior a la palabra escrita, es quizás, junto con la poesía del relato oral y gestual, el más viejo arte gráfico de la expresión, el primero, el que fascinó y fue respetado desde que para servicio del clan, la víspera de una cacería, sobre una roca y con los dedos tiznados, un delineante conjuraba el futuro haciendo que los suyos, identificables a simple vista –multitud de palitos verticales con cabelleras y lanzas– acosaran y se apropiaran de ese enorme animal almacén de carne y grasa. Medio millón de años después, en el recodo blanco de una pared ciudadana y concurrida, amanece la despreciable cara del tirano rodando cuesta abajo entre los cadáveres de su ignominia, otro delineante artista lo hizo con rapidez y con unas cuantas líneas.

Al lado de venerados murales del lejano pasado teotihuacano, egipcio, chino o hindú, se han encontrado dibujos con la precisa crítica del instante –el regreso de guerreros macilentos y derrotados, un tortazo en plena cara del emisario real, la mirada prostituta de la esposa del regente–, recortes cargados de vida, de eterna vida. La aparición del periódico en occidente fue una llanura diaria para el crecimiento de los ilustradores; la guerra, un barco, la venta de esclavos, el criminal callejero al momento de su fechoría, el robo de un niño. Luego la inserción por entregas de obras de ficción literaria aceleró una relación entre público y delineantes que desde entonces nunca jamás ha muerto. Todos los campos, reales o de invención, han sido historiados con trazos: los físicos nucleares y su bomba, Gramsci –con su espléndida melena- y sus teorías, Niginski y su fauno, el presidente en turno y su amante, la hechura de pan, el injerto de frutales, Otelo, Edipo y la esfinge. En revistas, manuales, cartones, tiras, desplegados o secuencias, los “monos”,”monitos”, “tebeos”, “caricaturas” o “ilustraciones” nos acompañan cada día. Nos hacen meditar, reír, conmovernos, educarnos, informarnos…, y todo con algunas líneas.

El Fondo Editorial de Nuevo León, partidario de la excelencia del talento de dibujantes e ilustradores, ha convocado a varios trazadores de emociones y acciones –hoy por hoy aún no encontramos una palabra que los defina con justicia, las que tenemos están gastadas, contaminadas, sucias a veces por intereses espurios, pueriles otras; desde aquí les pedimos una disculpa, lo suyo es tan complejo y significativo que un vocablo no alcanza a contenerlo. Oscar Carreño, Sergio Flores y Carlos García Campillo abren esta ventana y nos muestran su capacidad para ilustrar y adaptar relatos de escritores del noreste (Ficciones de Héctor Alvarado, Mario Anteo, Ricardo Elizondo Elizondo, Joaquín Hurtado, Patricia Laurent, Eduardo Antonio Parra, Antonio Ramos y David Toscana).

Pero hay aún algo importante en este esfuerzo, y es que en primera instancia sus “trazos de una cuantas líneas” tienen como destino inaugural mostrarse en pantalla de ordenador, lo que centuplica los receptores en tiempo y espacio. Roberto González, Kaput, se encargó de conseguirlo. Fértil unión sin duda. El resultado ahora sí que está a la vista.

Ricardo Elizondo Elizondo